Huele a verano y hay hielo hasta en la sopa. Busco sombras aunque sean chinescas para no fundirme por bombón (como nos dicen a todas los albañiles) y ya que tengo pueblo (o isla) corro detrás de cualquier oferta 2×1 que me lleve, estirándome de la mano, al mediterráneo a sumergirme los pies y llenarme los bolsillos de recuerdos e historietas como tantas veces me contó mi abuela o mi vecina desde la silla que sacaba a la fresca en su portal. En tu pueblo también lo hacen, ¿verdad?.
Pues imagínate que éste es tu pueblo y el mío, y que hemos venido tu y yo a sentarnos a la fresca del blog para aprender a hacer polos. Sí, #poloquemosquedao. Cada miércoles, durante todo el verano, sacaré la silla a esta calle y te traeré un sabor distinto. El de hoy sabe a infancia, a chicles de 5 pesetas y a atardeceres infinitos en la playa, enterrando las manos en la arena después de hacer la siesta con la cabeza sobre la nevera repleta de sandía y refrescos para el tío Manolo.
¿Cómo hacer polos de sandía?
Para pensar en un polo de sandía me he metido un chicle Orbit en la boca y lo he masticado con los ojos cerrados para viajar al sabor más fresquete, infantil y nostálgico que he podido encontrar. Quería crear un polo de sandía que, de un lametón, te llevará a las calles de tu pueblo, a las fiestas del barrio, a las sombras de las palmeras, a las paredes llenas de buganvillas y al primer beso con cara de pato que te tocó dar después de unas cuantas palmadas al ‘conejo de la suerte’. Lo he conseguido, tres polos de sandía más y tengo 12 años.
Receta de polos de sandía:
1. Corta ½ sandía a trozos sin piel y sin pepitas.
2. Calienta un pelín de agua y disuelve 2 cucharadas de azúcar (sin refinar).
3. Tritura la sandía con una batidora.
4. Echa el azúcar disuelto cuando ya esté frío.
5. Pica unas hojas de menta y añádelas.
6. Vierte la mezcla en unos moldes de polos y deja congelar un mínimo de 4 horas.
7. Para desmoldarlos, moja un poco el molde con agua templada y voilá.
Cada lametazo a uno de estos polos de sandía me lleva a un momento de mi infancia, a aquellas tardes de verano sin camiseta con la espalda sobre la baldosa, el pelo lleno de sal y el olor a jazmín de la terraza. Este verano, cuando en uno de mis paseos nocturnos en el pueblo llegue al palo del polo, me sacaré un chicle Orbit de sandía del bolsillo y lo masticaré con los ojos cerrados porque además de que cuida mi salud bucodental consigue prolongar el sabor del verano en mi boca.
Nos vemos dentro de dos miércoles en la calle, como antes, sin whatsapp ni llamadas perdidas. Te espero, #poloquemosquedao con la silla a la fresca.
La infancia me sabe a chicle de sandía, ¿y a ti?
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