Qué es el katsuobushi y por qué lo necesito

La primera vez que vi bailar al katsuobushi fue en el restaurante Yakitoro. Recuerdo las luces bajas, la calidez de la madera y cómo dejó el camarero el plato sobre la mesa. Me quedé un rato mirando a los lados pensando que aquellas finas lascas de atún se movían por una corriente de aire. Y busqué katsuobushi en google.

Volví a encontrarlo en Osaka, en uno de los infinitos puestos callejeros que llenan de olores el aire de la ciudad del kuidaore. Un lugar de foodies para foodies sin remilgos. Llegamos directos del aeropuerto, llovía y vimos salir vapor de una calle. Hacían takoyakis cada tres pasos y, aunque el jetlag me tenía sin hambre, habíamos ido a jugar.

Hoy los he hecho en #LaOfoodcina. Ya podemos encontrar de todo en todas partes y —aunque siento cierto conflicto con eso, soy una romántica— este sabor me lleva a aquel junio de hace unos años, aquel mes en el que recorrimos Japón y creímos que volveríamos pronto. Todavía no hemos tenido la oportunidad, pero hay un supermercado en Palma (calle Uetam o General Margallo en Madrid) donde puedo comprar salsa tonkatsu, mayonesa con mucho sabor a huevo, takoyakis y esas lascas de atún que bailan haciéndome creer que he aterrizado otra vez en Narita.

Por cierto, ¿sabes por qué bailan? ☺️

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